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20.4.06

Cuento Abigail #3

El primer semestre de prepa, en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, tenía el peor programa de clases. Los lunes, miércoles y viernes salía de Estudios Generales a las 8:50 AM y mi próxima clase no era hasta las 3:00 PM en Ciencias Naturales. Los martes y jueves eran cargadísimos, con todas las clases back-to-back. Algunos de los del grupito también tenían semejante disparate en su programa, y a veces nos encontrábamos para almorzar juntos o matar el tiempo, si es que no estábamos estudiando.

Pues en una ocasión, saliendo de Generales, me encuentro a Wendy.

"Hey, ¿qué haces?" le pregunté.

"Ay, chica, pues nada. No tengo clases hasta las 2:30. Me voy pa' Plaza a matar el tiempo", contestó. "¿Quieres venir?"

"Pues yo estoy libre también. Me voy contigo", le dije. "¿Tienes carro? Yo estoy a pie."

"No, pero vámonos en guagua", me dijo.

"Ok. Cool! Vamos".
Pues nos fuimos caminando desde Estudios Generales hasta la entrada principal del campus, para esperar la guagua en la parada de la Ave. Ponce de León. Vale mencionar que la caminata toma unos 10 minutos.

En el camino nos encontramos con Pablo. Nos preguntó sobre nuestros planes, porque él también estaba libre, y se unió al grupo. Más adelante nos encontramos a otro amigo de Wendy, que también se apuntó en la jugada.

Entonces nos encontramos con Abigail (recuerden su voz peculiar).

"¡Hola! ¿Para dónde van?", preguntó.

"Nos vamos a Plaza a matar el tiempo." Le contesté. "¿Tienes clases ahora?"

"No. Estoy libre hasta las 2:30 PM", dijo.

"¡Vente con nosotros!", le dijo Wendy.

"¡Ay, sí! ¡Vamos!", dijo Abigail emocionada, y continuamos nuestro camino.

Llegamos a la parada. Pasaron 30 minutos, y la guagua no llegaba.

"¿Pero por qué no llegará la guagua?", preguntó Wendy molesta.

"¡Ay, sí! Se está tardando demasiado", dice Abigail.

Todos estábamos desesperados. La odisea ya nos había quitado 40 minutos. Hacía un calor insoportable, como siempre hace en agosto. Pero seguimos esperando.

Pasaron unos 10 minutos más. La guagua todavía no llegaba. Ya estábamos de mal humor... Entre la caminata, la espera y el calor, no nos soportábamos a nosotros mismos.

Entonces Abigail dice:

"Ay... Nos hubiéramos ido en mi carro..."

¬¬

17.4.06

Cuento Abigail #2

Continúo con nuestro año de prepas en la UPR. Estábamos haciendo el experimento de genética de Mendel, el de las moscas, para la clase de Ciencias Biológicas. Nos dividieron en grupos. A Abigail, a Wendy y a mí nos tocó trabajar juntas.

Nos habíamos puesto de acuerdo en encontrarnos en el laboratorio para contar la primera generación de moscas. Pero tuve un inconveniente y no iba a poder asistir. El problema era que yo tenía las moscas conmigo, y sin las moscas no podían hacer nada. Así que llamé a Wendy tempranito en la mañana, como a las 6:30 AM (lo que había que hacer para conseguir a la gente cuando los celulares no formaban parte de nuestras extremidades), y le dije que mejor nos encontráramos al día siguiente. Le pedí también que le avisara a Abigail.

Al día siguente, nos encontramos frente al laboratorio. Abigail estaba con la cara montá. Hicimos el trabajo, y de hecho, nos demoramos muchísimo. Abigail se quejaba por cualquier cosa. Que si "esperamos demasiado", que si "qué revolú de moscas", que si "hubiésemos empezado ayer y hoy no tendíamos tanto trabajo"... En fin, la tierna Abigail estaba de mal humor.

Cuando terminamos, quedamos en reunirnos nuevamente para ir preparando el informe de laboratorio. Saliendo del lab, caminando por los pasillos, Abigail toma la palabra y nos dice en tono de regaño (recuerden su voz peculiar):

"Nos vemos mañana y ¡SIN FALTA! ¿Oyeron? Ya dejen de estar comiendo gofio y cojan responsabilidad, que ésto hay que entregarlo bien hecho. ¡Vamos a trabajar y a hacer las cosas bien! ¿Entendido?"

Ay, Padre... Parecía que se le había metido un monstruo por dentro, porque estaba bien molesta...

"Sí, Abigail, no te preocupes", le dijo Wendy.

"Mira, mala mía que no pude venir", le explicaba yo, "pero fué algo que se me presentó a última hora. No fué por irresponsabilidad."

"Está bien", contestó Abigail. "Que no se repita, por favor", añadió.

Al rato, caminando por la rampa, saliendo del edificio, Abigail pregunta:

"¿Qué es gofio?"

14.4.06

Cuento Abigail #1

Leyendo a Blue, me fuí en un trip nostálgico y caí en Anecdote Mode...

Cuando era prepa en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, tomaba todos los cursos básicos con el mismo grupito de panas. Entre ellos, estaba Abigail.

Abigail era una genuina newyorican, con un español bueno, pero medio patea'o. Bien humilde, tremenda persona. Todos la queríamos un montón, pero nos reíamos muchísimo, hasta nos burlábamos en ocasiones, de sus ocurrencias. Era hasta famosa, sin ella saberlo. Todos teníamos amistades que no conocían a Abigail, pero se mondaban de la risa cada vez que veníamos con un cuento de ella. Si la gente estaba haciendo chistes, me pedían un "Cuento Abigail". Creo que ella nunca se enteró de su "popularidad".


Abigail tenía una voz bien aguda, pero bajita, suavecita, como que tierna e inocente. A eso, súmenle su acento newyorican. Cuando hacíamos un Cuento Abigail, había que imitar la voz también. Era parte de la gracia.

Pues les hago un Cuento Abigail:

En la clase de Español, estábamos leyendo un cuento. La profesora, que era súper seriota, manda a Abigail a leerlo en voz alta. (Recuerden su peculiar voz.) Abigail comienza a leer.

"Y todo estaba sombrio..." (No puso la fuerza de pronunciación en la i, sino en la primera o.)

"Sombrío, Abigail, no sombrio", la corrige la profesora.

"Perdón, profesora, sombrío, ji, ji..."

"Continúe", le ordena la profe.

"Ok. Y todo estaba sombrio...". (Vuelve a cometer el error.)

"SOMBRÍO", corrige la profesora.

"Ay, perdón, profesora... Sombrío..."

"Otra vez... Continúe." Ya la profesora se veía algo molesta.

"Ok. (Respira profundo...) Y todo estaba sombrio..." Todo el salón abre la boca a reír.

"¡Abigail!", le dice molesta la profesora. "¡SOMBRÍO!"

"Perdón, profesora...", le dice bien nerviosa la pobre...

"¡Concéntrese!", dice la profesora perdiendo la paciencia.


Todo el salón se estaba riendo. El grupo se silenció, en espera de ver si al fin lo leía bien. Abigail respira profundo una vez más.

"Y todo estaba sombrío..." (¡lo dijo bien!).

Inmediatamente el muchacho que estaba sentado detrás de ella le dice "sombrio" (pronunciándolo mal).

Y Abigail, asustada dice:


"¡Ay, perdón! ¡Sombrio!"